Thursday, September 21, 2006



Siempre le dije a la Julia que tuviera cuidado al cruzar la calle, pero ella simplemente creía que tenía una especie de ángel guardián o no sé qué... Y cruzaba como las hueas...
Quién diría que dos personas tan distintas pudieran ser amigas... La una, que no cruzaba la calle si no estaba en verde, aunque estuviese en la mitad del desierto de Atacama, y la otra, cruzando en roja, corriendo, a punta de bocinazos y chuchadas...
Yo de verdad creí que la Julia cambiaría con la llegada del Pedro y el Diego, pero no. Su omnipotencia creció aún más...
¿Cómo no iban a dejar pasar a una pobre señora, y con dos angelitos?

Roberto por su parte, manejaba despacio, calladamente y con una pícara sonrisa escuchaba cómo una viejita retaba a una estudiante porque no le cedía el asiento...

Todo estaba bien hasta que, así, de repente, se le cruzó la Julia.
Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii Chaaaaaaaaaaaaaaas, el pencazo.
Los niños saltaron lejos y ella quedó bajó la micro, medio muerta y muy herida.
La gente impactada empezó a gritar y a correr hacia las víctimas...
La muchedumbre fue cada vez mayor. Llama a los pacos- se escuchó. Una ambulancia por favorrrrr, gritaban otros...
- ¿Alguien sabe qué pasó?
- Sí, sí, yo lo vi todo. El chofer iba a exceso de velocidad y parece, por lo que dijeron los pasajeros, que tenía olor a trago.
- Sí, sí, fue horrible, me estaba gritando cuando pasó todo, y todo porque me faltaban 10 pesos
- Y la pobre señora estaba en la vereda, esperando el cambio de luz. Fue espantoso. Que alguien ayude a esos niños...

Hace tres meses de aquello...

Los niños fallecieron en el acto (y en su camino al Cielo, esperaban muy quietos, los cambios de color de nubes)
Julia, está en su casa, con depresión, no habla y ha subido 34 kilos desde ese día
Roberto, está preso y le sacaron la cresta en la cárcel por ser tan hueón.

Yo, tengo colgado en la puerta de mi casa, el zapatito de uno de los niños y le recuerdo al José, cada mañana, cuando se dispone a salir en el Terios, que vaya con cuidado, porque esto de los ángeles, a veces, no es algo muy seguro...

Sunday, September 03, 2006

Abuela 1 - YO - Abuela 2


Alguna vez en la vida, las tres mujeronas de la foto estuvieron vivas...
Eran grandes mujeres
Cada una con su tema, con su karma, con sus hijos y no hijos, con sus niñerías, implicara ello recordarlas o vivirlas... Y así suma y sigue, ahí estan las tres, una vuida, la otra casada y la otra sin saber siquiera qué implica el día después... con anhelos y espanta cucos... Porque todas tenían miedos... pero los enfrentaban de maneras distintas...
Un día, un hombre disfrazado de vinchuca le rozó dulcemente la nariz a una de ellas... Y ese fue el comienzo de la desaparición de la primera mujerona... Luisa Ester... En su estar, vino otro hombre a visitarla, se llamaba José Parkinson y dijo que nunca, pero nunca en la vida iba a abandonarla...
Creo que fue el único que cumplió su palabra y permaneció junto a ella hasta el fin de los tiempos...

Luisa y sus hombres...

Luego vino Nicanor Pulmonía y Esteban Insuficiencia- Respiratoria (Ojo: Apellido compuesto; nombre con estirpe...) Se la pelearon a muerte, y así tal cual, tan literal, ella desapareció...
Ella, José y las cartas, jugaron el último juego, en el cual mi abuela maestra se dejó ganar... Pobres hombres, Esteban, José y quizás cuántos más, se fueron de la casa contentos, como si le hubiesen ganado, jajajaja

María Eugenia, la segunda, sentada en la otra esquina, gran mujerona también, era adicta a los libros... Y al cuento de Juanito y el lobo... Ella gritaba "auxilio" y todos la socorrían, pero sólo quería un beso... Ella gritaba "socorro" y todos corrían... Y ella sólo quería un abrazo... Y así fueron pasando los gritos y los salvavidas... Y en una de esas, después de mil ambulancias, ya nadie le creyó...
Y fue justo esa vez, la definitiva... Agonizó lo suficiente como para limpiarme el alma de tanto llanto... Pero como buena burra, no tomó sus maletas al momento de partir, sino cuando se le dio la gana... Y ese no era el momento...
Me regaló el último rayo de sus ojos de "tempestá", su último respiro y el último sonido del tambor ese, mal llamado corazón... Y como buen final, dicen que el muro se abrió y apareció una luz, que le salió un enorme par de alas por la espalda y que dejó su silla de ruedas y se fue volando... Como el más lindo de los cuentos


La del medio... Esa soy yo
María Luisa
Mitad de la una, mitad de la otra... Y por más que intento, no puedo coser mis partes, soy sólo mitades y pedazos, así como de retazos de una alfombra o una colcha de colores, algo así como un arco iris barroco, barrococó, kikirikí, pío pío...
Vuelvo pues a mis raíces, a mi gente, a mi familia con alas...

Disfrazada de pollo, pequeño, amarillo, tiritando, listo para convertirme en una hermosa gallina o en un rico huevo frito...

Quién sabe...

Pero independiente de lo que se venga...

Adivinen pues, a quién le toca...

El Arco Iris de la Esperanza Cero


No escogí
No escogí ser violada
No escogí
No escogí quedar embarazada de esa aberración
No escogí
Por Dios que no escogí

Escojo sin embargo callarlo
Escojo sin embargo, mirar a mi hija correr, en la casa de sus cuidadoro-papás
Y escojo llorar, porque ya no me recuerda...
Y entre lágrimas y sollozos, escojo también, pedir prestado un cuchillo y arrancarme de un zarpazo, mi ramillete de venas... Pues creo que es el mejor legado que le puede dejar una madre como yo, a su hija...