
Mi abuela siempre tuvo muchas historias, grandes historias, pero no las recordaba... sólo traía a su mente a un viejo decrépito que la engañaba y las penas que la habían hecho pasar de niña... No hay derecho
Dentro de todo, ella era una gran soñadora, con una capacidad de amar y hacer feliz a quien se le cruzase por el camino... por el camino...
Mientras estaba viva, siempre iba a visitarla un señor, lleno de misterio, al igual que a mi madre... otro señor, lleno de misterio...
Eso me gusta de ellas, que en alguna parte de sus vidas, dejaron al gran amor, y se casaron con el Señor equivocado... amaron y fueron amadas... todo bajo un gran velo de misterio...
El primer señor lleno de misterios, siempre iba a visitarla, con la excusa de la amistad, y cada 18 de marzo, le llevaba flores por su cumpleaños. Él tenía esposa, o tuvo, porque los años se llevan a las esposas y a los amigos, lo queramos o no.
Cuando iba a visitarla, generalmente llegaba por la tarde, cuando el jefe del hogar aún dormía la siesta... Yo los veía tan callados, tan cómplices y amigos, que añoraba que alguna vez, alguien me quisiera como él a ella.
A veces mi abuela hablaba dormida, como lo hago yo, y tal vez lo haga mi hija, y peleaba hasta en sueños, pero en otras ocasiones, soñaba con el señor lleno de misterios y todo era tan distinto, su voz se llenaba de amor y de una extraña sensualidad que jamás en la vida, pude oír de sus labios... Estoy segura que ellos se amaban, y alguna loca promesa habían hecho alguna vez en la vida.... porque cada vez que se veían, el mundo entero se paraba y les pertenecía.
Mi abuelo, el malo de la película, (sólo de esta películo-homenaje), definitivamente no estaba ni ahí como se dice vulgarmente, con este señor... y reían los tres, hablando de viajes, que ella había hecho con el oficial, pero soñaba hacerlos con el otro, el señor lleno de misterios...
Por algo era prima hermana de Lucila Godoy Alcayaga, más conocida como Gabriela Mistral para los amigos... para poder soñar a su antojo, una escribía y la otra soñaba, cada una con su don, el cual se trasmitía de generación en generación, de madre a hija, de hija a nieta y así sucesivamente...
Un día, o una noche, por casualidad, la escuché mientras dormía, que le decía a su amor que la fuera a buscar cuando ella estuviera lista, que le tuviera paciencia...
Fue así como él siempre iba, pero ella nunca estaba lista...
Él volvía, y ella se quedaba en su casa, con su esposo, su hija y sus nietos, y medio perro de la familia, y su árbol de magnolias, que hace 40 años había plantado.
En una de esas idas, el señor lleno de misterios, se acercó al pasaje, como siempre, y cual fue su sorpresa, cuando vio un carro fúnebre en la puerta, ¿qué había pasado? ¿Era el perro? ¿O la hija? ¿O la nieta? ¿Quién era?
Era Ella...
Él iba a ayudar porque se mudaban de casa, pero no hubo muda... Ella se había muerto... Por la noche dejó que su nieta soñara, como siempre, y luego, le avisó que se tenía que ir...
Ella corrió a sus brazos, y escuchó el último latido de su corazón...
Él se quedó en la puerta de la casa... atónito, si él iba a ayudar... a buscarla, a verla como siempre... y ella no estaba...
Fue en ese entonces, que él comprendió que no fue por Él, que no se iba, y que no estaba lista, ni por sus hijas, ni por sus nietas, ni por el perro, sino por su árbol de Magnolias...
Ese día todos corrieron, todos lloraron y se abrazaron, son esos días en que se hacen promesas de amor eterno, que quedan como si nada, y como siempre, en alguna iglesia flotando o desvaneciéndose...
Mucha gente fue a despedirla, entre ellos, los dos hombres llenos de misterio de esta historia...
Ese día yo no lo vi, estaba ciega momentáneamente.
Mi abuela tiene hoy una biblioteca en el cielo, donde lee en sus horas de descanso y hace clases con mi amiga Lety... Justo al lado de donde mi otra abuela baila tango al compás de las nubes con su esposo... Como a dos calle-nubes, está la señora Rosita y María Irene, cultivando flores maravillosas, muy similares a las Magnolias...
Acá quedamos los otros, y entre ellos yo, su nieta... que ruega por cambiar el destino y no llorar por no querer al hombre correcto y permanecer por siempre al lado del hombre equivocado.
Más aún, cuando el hombre correcto, puede tener un hermoso jardín con un árbol de Magnolias esperándome...
Como a ella...