
- Ring Ring
- ¿Si?
- ¿La señora Luna?
- Sí, con ella
- Le llamo para informarle que su hija tuvo un accidente
- ¿Pero cómo? ¿Dónde?
- Sólo le puedo informar que se encuentra en cuidados intensivos, en el hospital San Juan de Dios
- No, no puede ser
- Su hija manejaba un triciclo ¿no?
- ¿Mi hija? ¿Un triciclo? Cómo puede ser tan hueón y equivocarse así
- Pero señora
- Tutttttttt tut tut tut
- Viejo imbécil. El susto que me dio. Si Violeta no tiene bicicleta... Ni siquiera sabe manejar... Necesito un cigarro, necesito salir...Fue así como Luna tomó sus llaves, su cigarrera y fue a pasear aliviada porque no era su Violeta la que estaba en peligro... Abajo, en portería, estaba Jaime, el consentidor de Violeta, de la niña Violeta, como le decía él, de la futura señora Violeta y de la quizás alguna vez, abuela Violeta... quién sabe...
- Buenas tardes señora Luna
- Buenas tardes Jaime. Has visto a la Violeta? ¿Te dijo dónde iba?
- Mmm No señora...
- Jaime.....
Jaime le era fiel a Violeta. Por lo mismo, se mantuvo firme en su posición. Se encogió de hombros y confirmó su negativa. Luego de unos instantes, cerró los ojos y recordó lo feliz que estaba Violeta cuando le decía en secreto: “Jaimito, hoy llego en auto nuevo, le dijo”
Y él reía.
Ella lo miró cómplice y le dijo: “No le digas a nadie, porque todavía me da un poco de vergüenza, pero me compré un triciclo-bicicleta. Está adaptado para mí, y tiene una bandera increíble con un par de alas, en honor a mi ángel de la Guarda...
Cuídame el secreto como si fuera tu hija, no le digas a nadie... a nadie..."
Y Jaime, como buen portero, de esos que ya no existen, se quedó con la boca bien cerrada...

1 comment:
Digamos que es un cuento duro apesar de pensar que si "el que por su propio gusto muere hasta la muerte le sabe" dijera mi abuela...
pero que triste por la mama que ni siquiera se imagina que le ha pasado a la hija
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