Sus canas me ponen en alerta. El cansancio me dice que las ignore. Sus ojos se fijan en mí suplicando: “levántate, mírame, conmuévete”. Mis ojos lo evitan. El metro hace un movimiento brusco y nos asustamos. Alguien se apiada de su vejez y mi hastío y se levanta. Ya tiene un asiento. Queda frente a mí, sereno. Me mira. Lo miro. Mantenemos las miradas. Sonríe. Abro mi mochila y cojo una mandarina recién nacida y se la ofrezco. Sonríe. Quedamos a mano.
... El viejo truco de la mandarina...
Sunday, September 25, 2005
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2 comments:
Sigue escribiendo asíamiga! Lo sigues haciendo tan bien como en el colegio... Me encantó ese anciano! Cuando lo vea, prometo aplicar el truco de la mandarina.
Tere
Para mi mala suerte (y la de él) siempre que lo he visto, nunca he tenido a mano una mandarina!!!!!
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